Tener buena imagen política ayuda a lograr los objetivos. La gente tiene una forma de percibir las cosas y eso puede o no determinar decisiones. El presidente Hugo Chávez construyó por años una imagen de líder mesiánico y hoy en día vemos como la mayoría de la población se desvive por él. Le permiten casi que lo que sea. Hay una conexión indiscutible. Los medios de comunicación del Estado, además, trabajan arduamente para que no se borre. Basta quedarse un rato mirando VTV para ver cómo mensaje a mensaje se sigue solidificando esa idea. No hay descanso.
La incorporación del vicepresidente Nicolás Maduro a este imaginario es importante para entender la jugada que se está dando. Ya Maduro forma parte del quehacer diario de los venezolanos, con menos fuerza que Chávez, desde luego, pero su estatus crece cada día. Su imagen es más tranquila, de hablar pausado, con discursos cortos, sus peleas son medidas. No hay competencia con el líder, pero no hay duda que es quien lleva los pantalones en la casa. Al menos eso es lo que nos quieren hacer ver. Eso es lo que quieren proyectar y lo están logrando. Los chavistas lo toleran bien. Incluso a los opositores Maduro no les da piquiña, como sí Diosdado Cabello o incluso Elías Jaua. Cuestión de asesoría y de aprender cómo moverse. Los chavistas han aprendido mucho en eso.
Una imagen positiva complementa la labor política y social. Ayuda también si se presentan dudas. Por ejemplo, en las recientes elecciones a gobernador de Zulia, la imagen posicionada por Francisco Arias Cárdenas fue determinante, entre otras cosas que no entraré a evaluar, para que derrotara a Pablo Pérez. Muchos lo percibían (y aún lo hacen) como una buena persona, capaz de dialogar, poco conflictivo, y eso le ayudó a captar el voto de opositores descontentos. Su trabajo de base también lo catapultó. Arias tiene en su haber gestión de Gobierno y llevaba años metido en zonas desatendidas, casi que bajo la mirada de burla de algunos políticos. Pablo Pérez, por otra parte, no pudo posicionar una imagen que consolidara su gestión, más bien vista como una extensión de lo que hizo Manuel Rosales en la región, pero sin sello personal, sin proyectos concretos que pudiera endosarse. El desgaste de las campañas (estuvo en las primarias, a mi juicio una decisión apresurada, y luego fue el jefe político de Henrique Capriles en el Zulia, donde perdió) también fue definitivo para terminar de dar al traste con la imagen juvenil y fresca que quería mostrar.
Les digo, la imagen ayuda, no es todo ni es definitiva, pero desde luego que permite posicionarse de una determinada manera en el imaginario de las personas. Puede que se trabaje mucho, casi que las 24 horas en la calle, pero si la ciudadanía percibe al político de una forma específica es ese aspecto el primero que habrá de desmontar. Si eso no se hace, se trabaja en vano.
Con las elecciones para alcaldes los ejemplos abundan. Veamos Maracaibo, de donde soy. Del lado opositor están Eveling Trejo de Rosales, alcalde en funciones y designada por la MUD para repetir en sus aspiraciones, y Juan Pablo Guanipa, concejal de Primero Justicia, consuetudinario aspirante a ser candidato a la alcaldía, y quien anda encampañado con su fundación Maracaibo Posible. Eveling Trejo tiene un alto nivel de rechazo en la clase media y alta, quienes ven que no puede con los problemas de Maracaibo, especialmente la basura. Si uno da un paneo por las acciones de la alcaldesa se da cuenta que hay obras y trabajo. En el último año las muestras abundan. Falla la imagen, la forma. No se desmonta la matriz de que no es la gerente adecuada y, al contrario, hay sectores opositores que juegan a profundizarla. En los barrios es otra la percepción porque hay visitas continuas y la han visto en otras funciones. El problema básico es de comunicación, cómo se vende su imagen.
Juan Pablo Guanipa es el otro aspirante. Al no tener gestión le es fácil correr porque no hay nada negativo que reclamarle. Utilizar una fundación, ya recurrente porque lo ha hecho en anteriores oportunidades, también le facilita las cosas para llegar más efectivamente a la población. Lo mismo ha hecho con su programa de televisión. Además, Guanipa carga la cruz de haber sido ninguneado en varias oportunidades, lo que hace que la gente común diga que hay que darle una oportunidad y que ya está bueno de los Rosales. El caso es que Juan Pablo Guanipa ha posicionado bien su imagen, que le permite competir en estos momentos dejando básicamente que sean otros los que opinen por él. Pero cuidado la imagen de pobrecito es un arma de doble filo, ya que a algunos les parece que no tiene el suficiente guáramo para ejercer como alcalde de Maracaibo.
Del lado chavista la cosa está medio complicada porque, salvo Henry Ramírez, pareciera que ninguno tiene la imagen como para lanzarse a algo más que concejal de la ciudad. Rafael Colmenárez, quien parece contar con la venia de Arias Cárdenas, cuenta con su trabajo en el Metro de Maracaibo, que es poco, pero de algo puede presumir. Es cierto que lleva años metido en política. Jorge Luis Durán Centeno, por su parte, se ha dedicado últimamente a labores diplomáticas y parece tan alejado de la realidad del Zulia que en unas elecciones de base me parece que solo un milagro determinaría que fuese candidato del chavismo a la Alcaldía de Maracaibo. Yo creo que no va a aspirar. Por allí asoman también a Ana Claro de Di Martino, lo que podría posibilitar una contienda entre mujeres. No suena mal.
Henry Ramírez ha construido su imagen sobre premisas similares a las de Juan Pablo Guanipa. También es percibido como el pobrecito, al que no le dan la oportunidad. Ha intentado deslastrarse de esa figura, sobre todo por algunas declaraciones altisonantes y opiniones en Twitter, donde son célebres sus peleas con Nora Bracho, diputada a la Asamblea Nacional por Un Nuevo Tiempo, pero en general su imagen permanece estática y no tengo muy claro si va a evolucionar a otra cosa. El ser percibido como víctima le puede ayudar en unas elecciones, pero seguro competirá con alguien que será bendecido como la opción de Arias Cárdenas, y esa es una dura cuesta que tendrá que remontar.
Como ven, cuestión de imágenes. La política no es solo discurso y trabajo, es también orientar, preparar y mirar hacia delante. Desde luego es montar y desmontar matrices de opinión, positivas y negativas, para que un determinado candidato coja impulso. Quienes se mueven con la ingenuidad de creer que todo es color de rosa pagarán los platos rotos. Imagen sin gestión no camina, en la mayoría de los casos (puede haber excepciones), pero gestión sin imagen se estrella casi siempre. Un buen gerente debe saber comunicar, y con las millones de posibilidades que hay hoy en día parece un crimen que nuestros políticos se rijan solo por el instinto y que sus equipos de prensa se limiten a pautar en programas de radio, enviar noticas a periódicos y televisoras o convocatorias a ruedas de prensa. La cosa va más allá.